El futuro de la deuda para empresas emergentes
Entre los diversos instrumentos de financiación utilizados para captar el capital necesario para estructurar el crecimiento de las empresas, la tendencia de los emprendedores ha sido siempre preferir vender parte del capital social de la compañía; sin embargo, hoy en día ocurre cada vez con más frecuencia que los fundadores decidan optar por la financiación mediante deuda. Esta es la razón por la que decidimos incluir en nuestra Academia una sesión dedicada al Venture Debt, invitando a Luca Colciago, General Partner de Kreos Capital.
Existen muchas razones para utilizar la financiación mediante deuda, que van desde el deseo de no sufrir dilución (o de no renunciar al control del consejo de administración) hasta la necesidad de extender rápidamente la autonomía financiera (runway). Cuando hablamos de Venture Debt, cabe destacar sin duda la creciente disponibilidad de un número cada vez mayor de operadores dispuestos a conceder crédito a empresas que a menudo no tienen flujos de caja positivos ni disponen de activos significativos que puedan ofrecerse como garantía de la deuda.
Un instrumento complementario al Venture Capital Ante todo, es importante aclarar qué es el venture debt y cómo suele estructurarse este tipo de crédito. El Venture Debt es una fuente de capital no dilutiva utilizada para complementar el capital social en empresas de alto crecimiento que normalmente no tienen pleno acceso a la financiación bancaria tradicional debido a la falta de flujos de caja positivos o de activos significativos que ofrecer. Este tipo de financiación mediante deuda permite a las empresas con una fuerte trayectoria de crecimiento ampliar su autonomía de caja (en términos de capital circulante o gastos de capital), maximizando al mismo tiempo el valor del capital social y minimizando la dilución tanto para los fundadores como para los inversores antes de una nueva ronda de financiación o de un evento de salida.
Como instrumento complementario al venture capital, el Venture Debt se estructura como un préstamo a plazo (o una serie de préstamos a plazo), con un vencimiento de uno a tres años, cubierto mediante la emisión de warrants que otorgan el derecho a comprar acciones de la empresa emisora a un precio predeterminado dentro de un período determinado. Esto compensa el alto riesgo de financiar a una empresa cuya probabilidad de impago es mayor. En términos de rendimiento y rentabilidad sobre el capital concedido, los retornos oscilan aproximadamente entre el 12% y el 25%, alcanzados mediante una combinación de intereses del préstamo e ingresos procedentes de la participación accionarial.
El Venture Debt se estructura habitualmente como uno de los tres tipos siguientes: Financiación de facturas: préstamos concedidos contra la cesión de créditos comerciales (por ejemplo, facturas pendientes de cobro o, en cualquier caso, dinero debido por parte de clientes); Financiación de equipos: préstamos para la compra de equipos, como infraestructuras de red; Capital de crecimiento: generalmente préstamos a plazo, utilizados como sustitutos de rondas de capital, para actividades de fusiones y adquisiciones, financiación hito por hito o capital circulante.
En comparación con las dos primeras opciones, la última es la más flexible. Por lo general, concede un privilegio general sobre activos como la propiedad intelectual. Las startups suelen considerar el préstamo a plazo como la mejor alternativa a la financiación mediante capital social. Desde el leasing de equipos hasta su explosión El Venture Debt nació en las décadas de 1970 y 1980, cuando emprendedores e inversores buscaron formas alternativas de financiación y volvieron la mirada hacia la industria del leasing de equipos de alta tecnología como una modalidad que pudiera ayudar a satisfacer las necesidades de las startups en momentos en que se requerían importantes inversiones de capital.
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En aquellos años, las empresas interesadas en el venture debt operaban en el sector de los semiconductores, con una enorme producción de hardware militar y equipos informáticos. Inicialmente, el venture debt se basaba íntegramente en warrants y no financiaba completamente los equipos.
Sin embargo, a mediados de la década de 1980, Equitec Financial Group, una firma activa en el leasing de equipos, desarrolló un producto de leasing y préstamo que ofrecía financiación al 100%, consolidando la idea de utilizar un “equity kicker” para aumentar la rentabilidad, equilibrar los perfiles de mayor riesgo y compensar posibles pérdidas en comparación con los perfiles de crédito bancables. En estas primeras operaciones, los “equity kickers” solían ser comisiones vinculadas al crecimiento o warrants.
Posteriormente, el mercado creció y prosperó a finales de los 80 y durante los 90. En aquella época, durante la burbuja puntocom, la financiación mediante capital social del Venture Capital alcanzó valores sustanciales y el Venture Debt reflejó esta tendencia, llegando a un pico de casi 5.000 millones de dólares en financiación total en el año 2000. La actividad de venture debt se detuvo en 2001, ya que los venture capitalists y las firmas especializadas en venture debt sintieron las repercusiones del estallido de la burbuja puntocom y muchas empresas de venture debt, como Comdisco, cerraron.
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TransAmerica y GATX, por ejemplo, decidieron abandonar exclusivamente este mercado, mientras que otras optaron por mantener un enfoque prudente. Algunas comenzaron a exigir garantías en efectivo totales y otras redujeron significativamente su propensión al riesgo. El renacimiento del venture debt en Europa fue impulsado por el crecimiento de la inversión en venture capital entre 2003 y 2008, cuando sufrió otro revés.
Actualmente, la recuperación económica y los bajos rendimientos de la renta fija han provocado un enorme flujo de recursos hacia el mercado de Venture Capital, tanto para operaciones de deuda como, sobre todo, de capital social. Ventajas y beneficios El Venture Debt proporciona capital de crecimiento con menor dilución del capital social, costes limitados y procesos más rápidos.
No obstante, si se utiliza de forma inadecuada, sin prestar la atención debida a la negociación de las condiciones bajo las cuales se concede, puede reducir la flexibilidad de la empresa y su capacidad para levantar futuras rondas de capital social. Sin duda, si una empresa tiene un saldo de caja bajo, sería mejor no recurrir al Venture Debt: cuanto más débil sea la posición de caja, peores serán las condiciones concedidas por el prestamista. Del mismo modo, esta forma de deuda no se recomienda cuando los pagos de la deuda superan el 20% de los gastos operativos de la empresa: en ese caso, de hecho, la existencia de un préstamo de tales dimensiones corre el riesgo de disuadir a futuros inversores de capital social, convirtiéndose (en una perspectiva de medio a largo plazo) más en una carga que en un beneficio.
Un exceso de deuda puede afectar negativamente a la rentabilidad y a la valoración. El peligro y la desventaja más significativos del uso de la deuda es que exige su reembolso, independientemente de lo bien o mal que le vaya a la empresa.
Además, el efectivo puede ser reclamado cuando la empresa más lo necesita; por ejemplo, cláusulas de “cambio material adverso” o de “impago subjetivo” pueden permitir al prestamista reclamar la devolución del préstamo debido a eventos fuera del control de la empresa (por ejemplo, que un inversor de capital social existente decida no participar en una futura ronda o la pérdida de un cliente estratégico). El futuro del Venture Debt De cara al futuro, dos tendencias diferentes apuntan al Venture Debt como nueva opción de financiación para las empresas en los próximos años.
En primer lugar, desde 1999, el período de tiempo que transcurre hasta que una empresa alcanza la liquidez mediante una adquisición o una OPV ha aumentado en casi tres años y medio. Este aumento ha amplificado, por tanto, la necesidad de fuentes alternativas de financiación, incluido el venture debt. Además, la expansión de las empresas respaldadas por venture capital fomenta el interés por fuentes de financiación alternativas que eviten la dilución para los inversores existentes o la pérdida del control del consejo de administración.
Desde el inicio del leasing de Venture Capital en la década de 1980, pasando por el crecimiento del Venture Capital y los préstamos de capital de crecimiento en los 90, hasta los ajustes al cambiante entorno de inversión tras la burbuja puntocom y la crisis financiera, este mercado ha seguido evolucionando y creciendo. Con el avance de los nuevos modelos de Venture Capital en general,
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